LEY: EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA FORMACIÓN DOCENTE

6 julio, 2023

ARTÍCULO 1.- Incorpórense los contenidos de Educación Emocional a los diseños curriculares de todas las instituciones de formación inicial del profesorado docente, de gestión estatal y privada dependientes del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología. 

ARTÍCULO 2.- A los efectos de la presente Ley se entiende por Educación Emocional el proceso de enseñanza y aprendizaje de las habilidades y competencias emocionales y sociales, como: autoestima, autoconocimiento, autoconciencia, autogestión de las emociones, automotivación, resiliencia, empatía, perseverancia, capacidad de escucha, de comunicación asertiva, resolución de conflictos interpersonales y convivencia pacífica.  

ARTÍCULO 3.- Son objetivos de la presente Ley:

 1) Lograr que todos los docentes y la comunidad educativa, desarrollen las competencias emocionales y sociales, enunciadas en el Artículo 2 de la presente ley. 

2) Promover procesos comunicacionales eficaces en la Comunidad Educativa que permitan alcanzar los objetivos de la presente ley.

3) Educar al docente y a la comunidad educativa para que puedan gestionar sus emociones y lograr construir un bienestar personal y una convivencia pacífica, solidaria, creativa y cooperativa, en su vida y realidad circundante.

ARTÍCULO 4.- Es Autoridad de Aplicación de la presente Ley, el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología o el organismo que en el futuro lo reemplace, el que deberá coordinar las acciones con todos y cada uno de los órganos que de él dependan. 

ARTÍCULO 5.- Inclúyase la asignatura titulada Educación Emocional como contenido obligatorio constituyente de una unidad pedagógica en la Formación Inicial del Profesorado Docente para dar cumplimiento al artículo 3 inciso 3 de la presente ley. 

ARTÍCULO 6.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

ARTÍCULO 7.- De forma.

Fundamentación

La educación emocional es definida por Bisquerra como “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral” (2000, como se citó en Vivas García, 2003, /p.). Asimismo, refiriéndonos a lo que describe el autor, se considera que la educación emocional debe ser un proceso intencional y sistemático; sin embargo, en la actualidad, por lo general, se deja al azar de los ciudadanos, con consecuencias negativas.

Para autores como Steiner y Perry (1997) , mencionan el desarrollo de tres capacidades en la cual debe dirigirse la educación emocional, estas son: la capacidad para comprender las emociones se refiere a la forma como el individuo procesa y ve la realidad en su cerebro; la capacidad para expresarlas de una manera productiva tiene que ver con el manejo del sentir del individuo frente a los demás y finalmente, la capacidad para escuchar a los demás y sentir empatía respecto de sus emociones consiste en la predisposición del individuo para ponerse en los zapatos del otro y sentir lo que este siente, comprendiéndolo y escuchándolo. Por su parte Greenberg (2000) sostiene: Si queremos enseñar las habilidades necesarias para la inteligencia emocional será́ necesario que en las escuelas y, también, en los hogares, se fomente el tipo de entorno emocional que ayude a las personas a desarrollarse emocionalmente, del mismo modo en que se han creado entornos físicos para fomentar el desarrollo corporal e intelectual.

En tal sentido, el proceso de enseñanza debe considerar el desarrollo de habilidades emocionales como la empatía, el autocontrol, la solidaridad, el resolver problemas cotidianos. Para Goleman (1998), la inteligencia emocional implica la autoconciencia y la autogestión de las propias emociones, la automotivación y el desarrollo de la empatía en las relaciones sociales. Para Beane (2006), la educación emocional requiere de la formación para la resolución pacífica de conflictos, la gestión de la ira, el manejo del estrés, la atención a la diversidad y el desarrollo de habilidades sociales. 

Hoy el sistema educativo está dejando entrever el valor que tienen las emociones en el proceso educativo de los alumnos, así como la necesidad de que el docente y equipo directivo estén debidamente formados para que éste sea fructífero. La relación docente – alumno no puede reducirse meramente a un contrato de enseñanza – aprendizaje, existen factores que influyen notablemente en ésta relación. 

La perspectiva tradicional con su carácter reactivo (Burgos et al., 2010) frente a situaciones educativas impregnadas de emocionalidad no ha logrado mejorar el proceso de aprendizaje, es necesaria por ello un actitud preventiva y proactiva (Burgos et al., 2010) y no de indiferencia frente algo tan esencial como lo son las emociones en todo ser humano.

El ser humano es un ser social, está sumergido en una sociedad en la que debe convivir con otros y con quienes crea distintos tipos de lazos. Es esencial tener presente que el acto de interrelacionarse está impregnado por emociones. De allí que, la capacidad de relacionarse con otros, de adaptarse a los distintos entornos a los que se vea enfrentado y de la formación de su identidad dependen de que la formación integral del niño y adulto no aliene el desarrollo de las emociones (Abarca Castillo, Tesis doctoral, 2003). De hecho, una de los actos al que se ve expuesto el ser humano a lo largo de su vida y que implica o requiere el establecimiento de una relación con otro (en este caso con el docente) en un medio compartido con otros es el aprendizaje.

Este se encuentra regulado por las emociones que son las que incrementan el nivel basal de activación de los mecanismos cerebrales que regulan el aprendizaje facilitando el almacenamiento de la información que se da conjuntamente con las emociones¨ (Abarca Castillo, 2003). Por lo tanto, sería necesario que el entorno en que se producen la enseñanza y aprendizaje se caracterice por relaciones sociales satisfactorias. Para ello, sería condición que el ámbito escolar propicie el aprendizaje de competencias emocionales que permitan adoptar una conducta apropiada frente a determinadas situaciones, en este caso, el aprendizaje.

Las habilidades socio-emocionales son parte del proceso de aprendizaje. Hoy se hace instintivamente y deberíamos brindarle al docente las herramientas necesarias para aprender a gestionar sus propias emociones para que posteriormente pueda enseñar a sus alumnos a hacerlo en su propia vida. Nadie puede enseñar lo que no aprendió primero. Por ejemplo, ningún docente puede impartir un conocimiento que no lo interiorizó antes. No podría hablar de algo que no conoce. 

Las competencias y habilidades socio emocionales a lo largo de la vida en el proceso de aprendizaje están directamente vinculadas al desarrollo humano. 

La educación emocional se reconoce como una estrategia de prevención primaria de la violencia escolar y de construcción de una cultura escolar armónica y positiva. Por tanto, es un pilar fundamental a ser considerado en el desarrollo profesional docente.

Las emociones son el origen y el motor de nuestras acciones; son las que definen cómo accionamos desde las motivaciones. Son la clave de nuestra interacción con el entorno y de nuestro propio conocimiento y crecimiento personal.

Vaello (2009), en su libro “El profesor emocionalmente competente” expresa que las competencias socioemocionales son un “conjunto de habilidades que permiten interactuar con los demás o con uno mismo de forma satisfactoria” y que, por tanto, el cuerpo docente ha de asumir que debe ser un entrenador de competencias de los demás y de él mismo, pues no está exento de carencias que puede subsanar en campos tan decisivos como la autoestima, resiliencia, automotivación, respeto, persistencia, autocontrol, responsabilidad, fuerza de voluntad o empatía. El profesor emocionalmente competente afronta los problemas en mejores condiciones y ayuda a crear un clima positivo que constituye un lecho sobre el que se puede asentar más confortablemente el proceso enseñanza-aprendizaje. 

La educación emocional tiene que ser entendida como un proceso que ha de trabajarse de manera permanente y consciente, y a través de metodologías activas y participativas. No se trata de generar y transmitir información teórica sobre la temática, sino de construir experiencias de autoconocimiento y convivencia que fomenten la inteligencia emocional permeando las relaciones cotidianas intergeneracionales, pero también los estilos, los ritmos y las metodologías de los procesos de enseñanza y aprendizaje.

La educación emocional fomenta que la formación docente tenga mayor y mejor preparación para afrontar los diversos y complejos retos de la tarea de educar. Junto a esto, se reconoce también como un factor determinante en la reducción y la prevención del síndrome de agotamiento mental (Burnout) en el cuerpo docente, y en el mantenimiento y fortalecimiento de su vocación profesional. 

Citando el Plan 2022, Desarrollo de las Habilidades Socioemocionales “Escuelas Que Sienten Y Aprenden” de la Secretaria de Planeamiento Educativo y Desarrollo Docente, dependiente del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de nuestra provincia, se sostiene que “La experiencia trascurrida dejó ver que hay algo que debe tramarse entre profesores para que la EE sea un trabajo posible y pregnante, fundado en actitudes y ejemplos visibles en la escuela. Hubo una espontánea conformación de “equipos” de profesores que se asociaron para pensar y llevar a cabo en forma conjunta la propuesta de EE durante el Piloto. Esto sumado al acumulado de experiencias de EE en la Provincia, que viene transcurriendo en el marco de “opciones institucionales” (y no individuales) para el desarrollo socioemocional, nos marca otro rumbo a seguir.”

Finalmente, podemos citar como antecedentes a las leyes de Educación Emocional que ya se están implementando en otras provincias como ser la Ley N° 6.244 de la provincia de Jujuy, la Ley VI -N° 209 de la provincia de Misiones, etc. También proyectos de otros legisladores, como el del Senador Gramaglia (MC), Senador Pérez (MC) y Diputado Otero, de nuestra provincia (Expte. N° 90-27.926/19) y la Senadora Nacional (MC) María Magdalena Odara (Expte. S813/18, caducado el 29/02/2020).

Este proyecto es producto de un largo estudio e investigación en la que escuchamos las opiniones de docentes, educadores, directivos y fundaciones como la “Fundación SI – Educación Emocional”.

Por todo lo expuesto solicito a mis pares que acompañen este proyecto.

estamos
en contacto

Conociendo sus problemáticas y trabajando.

#MerecemosVivirMejor  #PensemosJuntos